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Rafael Pombo

No hay niño en Colombia al que no le hayan leído o que no haya recitado, La pobre viejecita o Mirringa Mirronga. El nombre de Rafael Pombo (1833-1912) es inculcado desde la infancia y recordado en cada izada de la bandera en el colegio. Sin embargo, con el poeta bogotano ocurre lo mismo que con la mayoría de los clásicos: están tan arraigados en la memoria, que la gente cree saber más de ellos de lo que realmente sabe.

Su vida...

Nacido en Santa Fe de Bogotá, en el año 1833 y Fallecido en Santa Fe de Bogotá, en 1912.

Era un hombre de una cultura amplia y universal. Fue poeta romántico, escritor del amor y la naturaleza, pensador, traductor y fabulista.

Rafael Pombo se destacó en dos campos literarios: en la poesía y en los cuentos.

El colombiano desarrolló una extensa trayectoria dedicada a los niños, con importantes obras de la literatura infantil como “Cuentos pintados”, “Cuentos morales para niños formales”, “La pobre viejecita”, “Simón el bobito”, “El renacuajo paseador”, “Pastorcita”, “El niño y la mariposa”, “Cutufato y su gato” y “Doña Pánfaga”, entre otras.

Cabe destacar que las poesías para niños escritas por Pombo son, de alguna manera, verdaderos cuentos con introducción, nudo argumental y desenlace. Este autor solía contar historias en verso, donde las rimas aparecían al servicio de la trama.

Algunas de sus obras...

 

 

Podemos citar el caso de “Cutufato y su gato”, donde Pombo narra el horrible sueño de un niño. La trama comienza así:
Quiso el niño Cutufato
divertirse con un gato;
le ató piedras al pescuezo,
y riéndose el impío
desde lo alto de un cerezo
lo echó al río.

El colombiano también contó la historia de una anciana humilde en “La pobre  viejecita”:
Érase una viejecita
sin nadita que comer
sino carnes, frutas, dulces,
tortas, huevos, pan y pez
(…)
Se murió del mal de arrugas,
ya encorvada como un tres,
y jamás volvió a quejarse
ni de hambre ni de sed.
Por último, podemos mencionar otro cuento rimado donde presenta la historia de un niño con pocas luces “Simón el bobito”:

Y dijo: -¡qué bueno! las voy a coger.
pero peor que agujas y puntas de espuelas
le hicieron brincar y silbar y morder.
Se lavó con negro de embolar zapatos
porque su mamita no le dio jabón,
y cuando cazaban ratones los gatos
espantaba al gato gritando: ¡ratón!
Ordeñando un día la vaca pintada
le apretó la cola en vez del pezón;
y ¡aquí de la vaca! le dio tal patada
que como un trompito bailó don Simón.

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